Por
UnoAmerica
Viernes,
11 de Julio de 2014
Conflicto
El bloque sur de las FARC, cuyo radio de acción se extiende a Caquetá, Putumayo
y partes de Huila y Amazonas, está conformado por nueve frentes y es el más
antiguo de esa guerrilla. De este hacen parte la columna móvil ‘Teófilo Forero’
y los frentes 15 y 32, catalogados como los más especializados en temas de
guerra.
Las dos primeras estructuras se enfocan principalmente en la instalación de artefactos improvisados y minas antipersona en las áreas rurales, que se activan al paso de las tropas y, El Caguán es una de las zonas más afectadas por las minas antipersona que siembran las FARC. El Caguán es una de las zonas afectadas por las minas antipersona que siembran las FARC.
Las dos primeras estructuras se enfocan principalmente en la instalación de artefactos improvisados y minas antipersona en las áreas rurales, que se activan al paso de las tropas y, El Caguán es una de las zonas más afectadas por las minas antipersona que siembran las FARC. El Caguán es una de las zonas afectadas por las minas antipersona que siembran las FARC.
En las selvas, en los campos y hasta en los centros rurales hay un enemigo oculto que afecta a la fuerza pública y a la población civil en el sur país. Se trata de las minas antipersona y explosivos improvisados, de los cuales se desconoce su número y su ubicación.
El
bloque sur de las FARC, cuyo radio de acción se extiende a Caquetá, Putumayo
y partes de Huila y Amazonas, está conformado por nueve frentes y es el más
antiguo de esa guerrilla. De este hacen parte la columna móvil ‘Teófilo
Forero’ y los frentes 15 y 32, catalogados como los más especializados en
temas de guerra. Las dos primeras estructuras se enfocan principalmente en la
instalación de artefactos improvisados y minas antipersona en las áreas
rurales, que se activan al paso de las tropas y, también, de los campesinos
de la comarca.
Este
método de hacer daño es una herencia de la zona de distensión. Durante los
años que duró el despeje militar en el gobierno de Andrés Pastrana, las FARC
aprovecharon para que expertos en el tema de explosivos, y en especial de
minas, entrenaran a sus integrantes.
La
región del Caguán, en Caquetá, fue su escuela y ahora el método que
claramente atenta contra los Derechos Humanos y el Derecho Internacional
Humanitario, se extiende por todo el país. No obstante, el área sigue siendo
la más afectada.
“El
manejo de la guerra de minas se inicia a partir de una estrategia del exjefe
máximo de las FARC, ‘Alfonso Cano’. En ese entonces, cuando lanzó la campaña
‘Renacer revolucionario de paz’, impuso la obligación a todo guerrillero de
que tuviera una mina”, relató el general Emiro José Barrios, comandante de la
fuerza de tarea Júpiter.
Añadió
que “particularmente, en esta área el bloque Sur, hay una alta
especialización en el manejo de este tipo de explosivos porque tuvo la
influencia que proviene de la época de la zona de distensión, cuando
recibieron mucho entrenamiento junto con hombres del bloque oriental”.
Siembra indiscriminada
Barrios
aseguró que la ‘Teófilo’, cuyo jefe es el ‘Paisa’, y el frente 15, bajo el
mando de ‘Wílmer’, son aventajados en el manejo de explosivos de manera
indiscriminada en toda la cordillera Oriental. En el caso de la primera
estructura afecta los municipios caqueteños de San Vicente del Caguán, El
Doncello, Paujil y Puerto Rico, mientras la segunda afecta el área de
Montañita.
“La
siembra de minas es indiscriminada. Las ponen en las áreas rurales donde los
campesinos se mueven. De ahí que resulten ser tan letales y afecten tanto la
población civil”, señaló el oficial, quien combate al bloque sur.
Pero
ese no es todo el problema. La desactivación de esos artefactos se complica
porque “muchos de los que siembran las minas se desmovilizan, mueren en
combate o caen en sus propios campos minados. Quedan entonces esas minas
sembradas sin saberse dónde están y que son un riesgo mortal”, agregó.
El
general Barrios contó que las FARC mantienen un proceso de acumulación de
materiales para la construcción de artefactos explosivos improvisados, entre
ellos anfo, que es una de las sustancias más letales usada por la guerrilla
para atacar a la fuerza pública.
Así
ocurre también con los detonadores (estopines) y tienen diferentes talleres
en los que de manera ‘artesanal’ construyen las minas, que ya dejan un saldo
trágico en lo que va del 2014 de diez miembros del Ejército muertos y 28
heridos.
Información y desactivación
A los
cerca de 1.100 hombres del bloque sur de las FARC -según cuentas del
Ejército- le han sido incautados este año un total de 2.635 kilos de
explosivos con los que se pudo haber fabricar 10.500 de estos artefactos
explosivos. También fueron decomisadas 3.000 minas antipersona.
Un
papel clave en la localización de las minas sembradas (o los talleres donde
se construyen) cumplen los guerrilleros desmovilizados. Ellos suministran
información que, tras ser valorada, puede llevar a incautaciones. Este año,
71 miembros del bloque sur se han entregado a las autoridades.
“Hay
miles de minas sembradas y en eso las grandes responsables son las FARC, que
no tienen la capacidad de controlar las explosivos que instalan. Quizá, si
las sembraran y luego las levantaran una vez pasa el Ejército, se podría
decir que es una estrategia. Pero no, sencillamente las instalan y las
abandonan”, dijo el general Barrios.
Las
tropas llevan un grupo Equipo de explosivos y demoliciones (EXDE) organizado,
dotado y entrenado para la detección y la destrucción de campos minados. Si
la situación es más compleja, también cuentan con el grupo Delta, que, con
una estrategia más sofisticada y equipamiento altamente especializado, actúa
ante situaciones como carros-bomba o campos minados muy peligrosos.
Lamentables cifras
Entre
el 2000 y el 2013 Caquetá fue el tercer departamento con mayor número de
víctimas por minas antipersona después de Antioquia y Meta. Putumayo fue el
décimo.
Entre
estas fechas en Caquetá 807 personas fueron víctimas por minas antipersona,
según cifras del Programa Presidencial para la Acción Integral Contra las
Minas Antipersona. De ellas, el 77 % fueron miembros de la fuerza pública y
el 23 % civiles. De ellos, el 88 % resultaron heridos y el 12 % murieron.
Además,
el 98 % fueron hombres y el 2 % mujeres. El 95 % de los afectados se
reportaron mayores de 18 años y el 5 %, menores de edad.
En
Putumayo, en el mismo período de tiempo se presentaron 336 víctimas. El 54 %
fueron militares y el 46 %, integrantes de la población civil. El 74 %, es
decir, 247 personas, fueron heridas y el 26 % fallecieron. El 96 % fueron
hombres y el 4 % mujeres. El 95 % de los lesionados son mayores de 18 años y
el 5% restante menores de edad.
Fuente:
Revista Semana
|
http://www.unoamerica.org/unoPAG/noticia.php?id=1685

Nenhum comentário:
Postar um comentário