Por Cristina
De Toro
15 de
Agosto de 2014
No han
acabado de barrer los millones de diminutas palomitas de papel que fueron
lanzadas el día de la fastuosa ceremonia de posesión del presidente Juanpa II,
y su gobierno ya se muestra desgastado y paquidérmico, no solo por el
descomunal tamaño de su burocracia sino, por 8.000 razones más.
Ceremonia
de investidura adecuada si ya se hubiera sellado la paz o, al menos, firmado un
acuerdo parcial. Un montaje estratégicamente diseñado para mostrarle a la
comunidad internacional, por cierto, con modestísima representación, que el
proceso de La Habana está prácticamente listo.
Pero ¿qué
más podía esperarse de un mandato que por carecer de obras para mostrar como
bandera para su reelección, echó mano de esa quimera de paz con la que mantuvo
distraído durante cuatro años a Colombia y al mundo, y de la que pretende
seguir sirviéndose para justificar su incapacidad?
Ese
embeleco en el que nos embarcó para saciar su vanidad, que genera más dudas que
certezas y que como nunca ha contado con el respaldo irrestricto de la mayoría
de los colombianos, tuvo que empeñar. Una campaña en la que recurrió a toda
clase de componendas, de acciones fraudulentas, de alianzas con personajes de
dudosa reputación y a un descomunal despilfarro en pauta estatal para ofrecer
la paz como producto viable.
Tan
compleja la trama urdida para asegurar el triunfo, tan grandes los compromisos
adquiridos, que no fue capaz el presidente Juanpa II, de tener listo su
gabinete para el día de la toma de juramento, algo nunca antes visto, al menos,
en la reciente historia nacional.
Pero fue
que la torta ministerial, el abultado paquete de consejerías y las entidades
descentralizadas, no alcanzaron para saciar a tantos y tan voraces tragones, y
tuvo que tomarse más tiempo para crear cuatro oficinas nuevas, con rango de
ministerios que él denomina como "grupo pequeño pero empoderado de
asesores del presidente".
Igualmente, ese raro y por demás peligroso
cogobierno que le fue asignado al vicepresidente Vargas Lleras, dizque para
presidir la Comisión de Proyectos de Interés Nacional Estratégico. Mmm… ¡vaya
uno a saber qué se traerán entre manos…
En todo
caso, esa colcha de retazos que armó con algunos ministros reencauchados
(políticos que se acomodan en cualquier cartera), y otro grupo de esos que
reciben su ministerio como pago por los favores recibidos en campaña y cuyo
único fin es satisfacer sus intereses personales, será, lamentablemente, la que
se encargue de asumir los retos que le esperan al país durante estos cuatro
años que ojalá pasen prontamente, porque desde ya y al juzgar por los
nubarrones que se ven en el horizonte, no pinta nada fácil.
Al presidente Juanpa II, asegurado ya por los próximos cuatro años, le corresponde ahora contar la verdad sobre lo que está sucediendo en La Habana, porque, como él mismo lo dijo, la paciencia del pueblo colombiano se está colmando.
No más
envalentonadas en las que llama la atención a narcoterroristas delante de los
civiles para que se le perciba enérgico ¡no… Tampoco pida más sacrificios al
agobiado pueblo, las exigencias debe hacérselas a los criminales y si no las
acatan levántese de la mesa.
No más
engaños, esa paz del presidente Santos es irreal, lo que venden como paz, no es
más que un arreglo que si se da, en los términos que exigen las Farc, será
cualquier cosa menos paz.
No más
engaños, no más palomitas de papel, llegó la hora ya de pasar del prendedor a
la realidad.
http://www.alvarouribevelez.com.co/es/content/del-prendedor-la-realidad
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