"El FA (Frente Amplio) es la franquicia del
Foro de Sao Paulo en Uruguay, la marca que patentaron para extender la llama
revolucionaria a todo el continente los hermanos Castro, líderes eternos e indiscutibles
de la isla-prisión de Cuba, y ese aprendiz de brujo que es el líder brasileño
Luiz Inácio da Silva, más conocido simplemente como Lula. Luego el
"invento" tuvo éxito y prendió en casi toda América Latina,
incluyendo aquí a la moderna y preparada Uruguay." - Ricardo Angoso
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Pepe Mujica, presidente de Uruguay
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Cuando
apenas quedan unas semanas para las próximas elecciones uruguayas, de las que
saldrá un nuevo parlamento y se elegirá un presidente que sustituya al
controvertido Pepe Mujica, las encuestas señalan que la oposición agrupada en
los dos partidos tradicionales, colorados y nacionalistas, podría obtener la
mayoría en el próximo legislativo y le pisa los talones, literalmente, al
candidato del partido gobernante, el Frente Amplio (FA).
En
efecto, para el legislativo se perfila un resultado muy bajo para el FA, que
pedería la mayoría absoluta de la que ahora goza y de que necesitaría de pactos
y acuerdos para sacar adelante sus proyectos y Leyes. Luego el candidato de los
nacionalistas a la presidencia de la República, Luis Lacalle Pou, si lograra
que en una segunda vuelta le apoyasen los colorados, podría incluso disputar al
candidato frentista, Tabaré Vázquez, la máxima autoridad del país, rompiendo el
largo gobierno de la izquierda que lleva ya casi una década en el poder y
amenaza con perpetuarse.
Pero,
aparte de estas consideraciones en clave interna uruguaya, una victoria del
centro y la derecha unidos en las elecciones de este país tendría consecuencias
para toda la región, ya que hasta ahora ninguna de las fuerzas que gobiernan en
Bolivia, Ecuador, El Salvador, Venezuela y Nicaragua, por no hablar de la
Colombia del presidente Juan Manuel Santos, ha sido derrotada hasta ahora. Los
países "bolivarianos" situados en la órbita de la Venezuela de Hugo
Chávez, que tomó el poder en el año 1998 y fundó régimen, han permanecido
inalterables en sus posiciones antinorteamericanas, antioccidentales e incluso
antisemitas en estos años. Mención aparte merece ese tahúr del oportunismo que
es el colombiano Santos, notable representante del cretinismo político que
impera en ese país en casi todas las esferas de la vida pública y de la felonía
más rastrera que fue capaz de traicionar al día siguiente de su toma de
posesión a su mentor político, Alvaro Uribe.
Y
volvamos al tema que nos ocupa. En Uruguay, estos años de gobierno izquierdista
han significado una merma en la calidad de los servicios públicos, pero
especialmente en educación y salud; el aumento en la inseguridad
ciudadana, que ya es considerado casi el principal problema de los uruguayos; y
un desprestigio en la política internacional, algo en lo que
Uruguay era líder por sus iniciativas y propuestas. Y, finalmente, esta
izquierda se ha caracterizado por haber abierto las heridas por los sucesos del
pasado, cuando el país se debatía en las décadas de los 60 y 70 entre la
pervivencia de las instituciones fundamentadas en las Leyes y el asalto al
poder por parte de la insurgencia marxista violenta.
JUICIOS A
LOS MILITARES, IMPUNIDAD PARA LOS TERRORISTAS
Fruto de
ese estados de cosas, y por la apuesta reiterativa en una cultura basada en la
búsqueda de la venganza y no de la justicia, algunas decenas de militares han
sido procesados, juzgados y condenados por supuestos delitos de lesa humanidad,
mientras que los antiguos terroristas tupamaros, como el presidente Pepe
Mujica, gozan de todos sus derechos y libertades e incluso participan
activamente en la vida política de la nación. Son las paradojas de este nuevo
Uruguay en que gobierna la izquierda mirando atrás y sin reconocer sus culpas
propias, como cuando los antiguos guerrileros abandonaron la política activa
porque nadie les votaba -decían que "por ahí no iba la vaina"- y
tomaron el errático camino de la vía armada.
Además,
en estos largos años dominados por el FA, no ha habido necesidad de buscar
grandes consensos ni acuerdos con las otras fuerzas políticas, debido a la
sólida mayoría con la que contaba en las instituciones. Las divisiones se
manifestaban y resolvían dentro de este partido tan heterogéneo, diverso, plural
y a veces tan contradictorio, en donde conviven socialistas, comunistas,
demócrata-cretinos, oportunistas sin escrúpulos, antiguos tupamaros
reconvertidos a la democracia y un sinfín de izquierdistas de todos los pelajes
y ropajes. Como habría dicho el bueno de Vladimir Lenin, el izquierdismo es la
enfermedad infantil del comunismo o, para decirlo más burdamente, Dios los crea
y el Diablo los junta.
El FA es
la franquicia del Foro de Sao Paulo en Uruguay, la marca que patentaron para
extender la llama revolucionaria a todo el continente los hermanos Castro,
líderes eternos e indiscutibles de la isla-prisión de Cuba, y ese aprendiz de
brujo que es el líder brasileño Luiz Inácio da Silva, más conocido simplemente
como Lula. Luego el "invento" tuvo éxito y prendió en casi toda
América Latina, incluyendo aquí a la moderna y preparada Uruguay.
Pero
cinco años más se antojan como demasiados para el electorado uruguayo, al que
ya se le empieza a agotar la paciencia del plomizo discurso pobrista del máximo
líder, y que también anhela un cambio que ponga en orden la casa, instaure el
orden público de una vez por todas -nunca sabremos por qué a los
"progresistas" les aterra la seguridad- y mantenga la dignidad del
país en todos los foros internacionales, poniendo a raya a algunos vecinos
impresentables, como a la presidenta argentina y también a los sátrapas de La
Habana.
Si estas
expectativas se cumplieran, algo que no se debe descartar porque el FA está en
caída libre en las encuestas y aparece bastante menguado desde que comenzara la
campaña electoral, este cambio de gobierno en Uruguay alimentaría las
esperanzas de todos los demócratas del continente, tan abandonados por los
Estados Unidos, la Unión Europea y la ya casi difunta Organización de Estados
Americanos (OEA). Incluso los países supuestamente en manos de gobiernos
moderados, como la Colombia de Santos o el México de Peña Nieto, coquetean e
incluso les ríen las gracias a estos gobiernos que vulneran las Leyes,
restringen las libertades fundamentales, cierran medios de comunicación y
apoyan, sin titubeos, a los regímenes más impresentables del mundo.
LA
BONANZA ECONÓMICA FORTALECIÓ A LOS "BOLIVARIANOS"
El éxito
de los países mal llamados "bolivarianos" en estos años tiene mucho
que ver con la bonanza económica de América Latina, pero especialmente con las
subidas de los precios de las materias primas, la energía y los productos
agrícolas, los llamados comodities. Este alza de precios en este conjunto de bienes
permitió a los gobiernos de Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela e incluso
Uruguay, entre otros de la región, gozar de ingentes recursos para sus
proyectos asistencialistas y clientelistas en beneficio propio.
Ahora que
la fiesta de los comodities parece que va a llegar a su fin, como vaticinan
numerosos analistas, se verá la cruda realidad de lo que han sido estos años:
un camino baldío en que no se apostó por la productividad y la creación de
verdaderas industrias nacionales como motores de desarrollo. Nos conquistarán
los chinos con sus productos, tendremos que retomar las relaciones con nuestros
odiados vecinos del Norte, por mucho que nos pese, y, en fin, habrá que volver
a tomar la senda que nunca deberíamos haber dejado atrás: la del sentido común
y la cordura. Qué así sea, que el cambio en Uruguay sea el comienzo de una
nueva era de esperanza y progreso para la región. ¿O acaso estamos soñando?
Veremos qué pasa, las espadas están en alto.
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