Diego
Mora
06 de
Agosto de 2014
¿Qué queremos los colombianos que
resulte después del proceso que adelanta el gobierno Santos con las Farc? ¿Cuál
queremos que sea el compromiso de un grupo terrorista que nos ha hecho daño por
más de 50 años? ¿Estamos preparados como sociedad para perdonar y
reconciliarnos?
Tres
preguntas, pueden ser miles, que salen a luz cada vez que nos anuncian algo
desde La Habana, desde la Casa de Nariño o cuando vemos en las noticias que
fueron asesinados uno, dos, diez soldados, una niña de dos años o miles de
litros de petróleo derramados, por orden de guerrilleros, a un río.
Las
declaraciones de los voceros de las Farc son desalentadoras. A aquellas
palabras de que las víctimas son ellos se le suman ahora las de no arrepentirse
de nada. Fuera de eso, sabemos que no es su intención entregar las armas ni
pagar un minuto de cárcel por sus crímenes, por lo cual cada día que pasa, el
camino transitado es más angosto y oscuro para el resto de los colombianos.
Sin duda,
Colombia quiere verdad. No es justo que después de tantos años, tantos
crímenes, tanta sangre y lágrimas derramadas, se llegue a un acuerdo en el que
la verdad no sea protagonista. No es posible pensar que una firma haga olvidar
el sufrimiento a millones de familias. Colombia merece la verdad, es el primer
paso para el perdón.
Pero el
país también quiere justicia. No podemos permitir que haya impunidad, no lo
soportaríamos. Está bien que se busquen mecanismos de justicia transicional
para que las penas sean bajas, pero renunciar a que los máximos violadores de
derechos humanos en Colombia, uno de los más grandes carteles del narcotráfico
en el mundo y el grupo terrorista más antiguo del planeta, pase a la vida civil
como si nada, es inadmisible y una afrenta para un país cansado de tanta
barbarie.
Y la paz,
qué es la paz. Muchos creen, porque eso les ha hecho creer el Gobierno, que la
tranquilidad llegará cuando se desmovilicen los cabecillas de las Farc, y eso
está muy alejado de la realidad. Quizás si sucede, si hasta el último
guerrillero se desarma, si dejan de traficar drogas, secuestrar y extorsionar,
los colombianos pasemos a un nuevo estado y nos olvidemos de un gran problema y
del mayor generador de zozobra en el país, pero aun así faltaría un largo
proceso con el Eln y combatir a las bacrim (solo en Medellín los integrantes de
los combos que controlan el crimen suman 13 mil, algo así como las dos
guerrillas concentradas solo en la capital antioqueña), la delincuencia común y
miles de delitos más que se cometen en el país. Falta mucho, mucho camino por
recorrer.
Por
último: ¿Estamos preparados como sociedad para perdonar y reconciliarnos? la
respuesta la tiene cada uno y ojalá la respondamos sin pensar en las Farc o el
Eln, ojalá la respondamos mirando a los ojos a nuestros hijos y pensando en el
país que estamos (de)construyendo.
http://www.alvarouribevelez.com.co/es/content/verdad-justicia-paz
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